Alfonso Hermida
Comunicación del Colegio de Enfermería de A Coruña
En los hospitales se habla mucho de cuidar. Menos de quién cuida a quienes sostienen cada día ese sistema. Elba Santiago, enfermera del Clínico de Santiago, lleva años viendo cómo el estrés, la saturación y el desgaste emocional se cuelan entre turnos, pasillos y guardias interminables. De esa experiencia nace Entre turnos. Gestión del estrés en el entorno sanitario, un libro práctico que pone el foco en algo a menudo relegado: la salud mental de los profesionales sanitarios y la necesidad de aprender a cuidarse para poder seguir cuidando. El libro se puede adquirir en las librerías, en la página web de la editorial M de Mujer. El 25 de junio se presentará en la biblioteca Anxo Casal de Santiago de Compostela.
-¿Cómo nace la idea de escribir el libro?
Hace tiempo escribí y autopubliqué un libro de humor. Cuando les conté a mis compañeras que estaba escribiendo, muchas pensaban que acabaría haciendo algo relacionado con el crecimiento personal, porque conocen mi forma de ver la vida y de relacionarme con los demás. La chispa definitiva llegó después de un turno especialmente duro. Una compañera me dijo que le encantaba su trabajo, pero que estaba agotada, saturada y con la sensación de no poder más. Aquella conversación me hizo pensar que quizá podía aportar algo útil. Aproveché una baja laboral el año pasado para escribir Entre turnos. Nació con la intención de ofrecer herramientas sencillas para ayudar a quienes pasan gran parte de su vida cuidando de los demás.
-¿Qué necesidad detectó entre los profesionales sanitarios para dar el paso?
La veo a diario y en todos los niveles. Desde el personal de limpieza hasta administración, laboratorio, TCAEs, enfermeras o médicos. Todos estamos expuestos a una gran carga de trabajo y, muchas veces, a un desgaste emocional importante. Somos un equipo y cada pieza es necesaria para que todo funcione. Por eso quise que el libro fuera también un homenaje a todas esas personas que forman parte de la sanidad y cuyo trabajo no siempre recibe el reconocimiento que merece.
-El título, Entre turnos, resulta muy evocador. ¿Qué representa ese espacio "entre turnos" en la vida de una enfermera?
Entre turnos suceden muchas cosas importantes. Compartimos momentos difíciles, pero también risas, apoyo y complicidad. Son esos pequeños espacios donde dejamos de ser solo compañeros y empezamos a conocernos de verdad. En todas las unidades donde he trabajado me he llevado amistades. Es en esos momentos cuando descubres los miedos, las fortalezas y la historia de la persona que tienes al lado. Al final, cuidar también consiste en eso: en acompañarnos unos a otros.
-¿El principal enemigo de la vocación es la rutina?
La rutina puede desgastar, pero creo que el mayor riesgo es olvidar por qué elegimos esta profesión. Siempre digo una frase que me define bastante: yo no vengo contenta a trabajar, yo me pongo contenta. Las personas que ingresan en un hospital suelen estar atravesando momentos difíciles de su vida. Intento recordarlo cada día y tratarles con la humanidad que me gustaría recibir si estuviera en su lugar. No siempre es fácil. Las condiciones laborales, la conciliación o el cansancio pasan factura. Pero creo que es importante preguntarnos de vez en cuando qué podemos aportar con lo que tenemos hoy.
-¿Cuál es el principal factor de desgaste emocional que observa actualmente?
Creo que depende mucho de la situación laboral de cada persona. En el personal contratado pesan especialmente las condiciones laborales. En mi caso, hace 3 meses que tengo vacante, pero llegué a estar cinco años sin disfrutar de unas vacaciones, y eso acaba pasando factura. En el personal fijo veo más la sensación de no sentirse escuchado o valorado. Cuando tienes ideas para mejorar algo y sientes que no puedes influir en los cambios, aparece la frustración.En ambos casos hay algo común: la sensación de desgaste cuando el esfuerzo que haces no encuentra respuesta.
-¿Es un problema individual de gestión emocional o un problema estructural relacionado con las condiciones de trabajo?
Creo que hay una parte de ambas cosas. Las organizaciones tienen responsabilidad en crear entornos saludables y mejorar las condiciones de trabajo, pero también necesitamos aprender a identificar cómo estamos y pedir ayuda cuando lo necesitamos. No todo depende del sistema, pero tampoco todo depende de la persona. La solución pasa por trabajar en ambas direcciones.
-Un dato especialmente preocupante señala que un 34 % de las enfermeras ha pensado en abandonar la profesión. ¿Qué te sugiere esta cifra?
Sinceramente, no me sorprende. He hablado con muchas compañeras que aman su profesión, pero que están cansadas. Algunas me dicen que no han dejado la Enfermería porque no encuentran una alternativa que les permita vivir. El trabajo sanitario es muy exigente física, mental y emocionalmente. Además, los turnos se llevan de forma muy distinta a los 20 años que a los 40. Hasta yo misma me lo he planteado alguna vez. Y creo que poder decirlo sin sentir culpa también es importante.
-¿Se habla de salud mental en el ámbito sanitario con la seriedad que merece?
Creo que hemos avanzado, pero todavía queda mucho camino. A veces nos centramos en aliviar los síntomas sin profundizar en las causas. La salud mental necesita tiempo, reflexión y espacios donde poder hablar de lo que nos ocurre. Si esperamos a intervenir cuando la situación ya es insostenible, llegamos tarde.
-¿Qué señales deberían alertar a una enfermera de que el estrés está empezando a convertirse en un problema importante?
La niebla mental es una de ellas. También la dificultad para desconectar al llegar a casa o la sensación de levantarte cansada incluso después de haber descansado. Otra señal frecuente es la rumiación mental: seguir repasando una y otra vez situaciones personales o laborales cuando ya has terminado el día.
Cuando dejamos de recuperar energía, es momento de preguntarnos qué está pasando y prestarnos atención.
-¿En el libro encontramos técnicas para poder desconectar cuando llegamos a casa?
Sí. Y precisamente una de las cosas que quería transmitir es que no siempre hacen falta grandes cambios. Hay ejercicios de respiración, atención consciente y conexión con los sentidos que pueden integrarse fácilmente en la vida cotidiana. Lo importante no es la complejidad de la técnica, sino la constancia con la que la practicamos.
-¿Son técnicas rápidas?
Algunas las podemos hacer, por ejemplo, mientras te lavas las manos. El olfato, que es el sentido menos valorado, está muy relacionado con la gestión de la memoria. Un aroma nos evoca diferentes recuerdos. Hay ejercicios relacionados con el olfato que se pueden hacer en poco tiempo.
-¿Por qué a muchos profesionales sanitarios les resulta más fácil cuidar de los demás que cuidarse a sí mismos?
Porque estamos muy acostumbrados a poner las necesidades de los demás por delante de las nuestras. Además, muchas de las profesiones de cuidado están formadas mayoritariamente por mujeres y durante generaciones se nos ha enseñado que cuidar a los demás era una prioridad y cuidarnos a nosotras mismas algo secundario. Pero cuidarse no es egoísmo. Es responsabilidad. No podemos ofrecer nuestro mejor cuidado si nosotros mismos estamos agotados.
-¿Qué responsabilidad tienen las organizaciones sanitarias en la prevención del estrés laboral de sus profesionales?
Tienen una responsabilidad alta y creo que cada vez existe más conciencia sobre ello. Pero también pienso que el cambio no puede venir únicamente desde arriba. Necesitamos organizaciones comprometidas, pero también profesionales que aprendan a reconocer cuando algo no va bien y se impliquen en buscar soluciones. Es una responsabilidad compartida.
-Si una profesional solo dispusiera de cinco minutos al día para cuidar su bienestar emocional, ¿qué ejercicio del libro le recomendaría?
El del olfato. Es un sentido al que prestamos poca atención, pero tiene una conexión muy potente con la memoria y las emociones. Un aroma asociado a un recuerdo agradable puede ayudarnos a disminuir el nivel de activación y recuperar cierta sensación de calma en muy poco tiempo.
-¿Y en situaciones de alto estrés hay técnicas para parar solo unos segundos, resetear y tomar el control de la situación?
La respiración. Es algo que hacemos constantemente y, sin embargo, pocas veces somos conscientes de su poder. Cuando me encuentro en una situación complicada, centrar mi atención en la respiración me ayuda a bajar el nivel de nerviosismo, ordenar las ideas y volver al momento presente.
-Cuando las enfermeras cierren el libro, ¿qué te gustaría que hubiera cambiado en su manera de relacionarse con el estrés y consigo mismas?
Me gustaría que recordaran algo muy sencillo: que la importancia del cuidado empieza por una misma. Estamos tan acostumbradas a mirar hacia fuera que muchas veces nos dejamos para después. Si al terminar el libro alguien se concede permiso para escucharse más, cuidarse mejor y dejar de ponerse siempre en último lugar, sentiré que todo el trabajo ha merecido la pena.
