José María, ¿qué te motivó a especializarte en urgencias y emergencias como médico?
Realmente, siempre me ha gustado la primera línea. Cuando empecé con esto de las emergencias, era algo un poco anecdótico, pero ahora, afortunadamente, se ha convertido en una manera de vivir, de trabajar y de plantearte la primera asistencia desde la calle. Me parece muy importante, de verdad, desde la calle.
¿Cómo ha influido tu experiencia en la UME de Salamanca en la creación de este curso?
Mucho. Trabajar en la primera línea te obliga a estar en contacto con los primeros minutos de la asistencia al paciente. Garantizar medidas de soporte que aseguren la supervivencia y un estado óptimo siempre te condiciona. Por eso, creo que este curso sobre el manejo inicial del paciente es fundamental, ya sea desde la calle, la puerta de urgencias o un consultorio de primaria. Siempre desde la primera línea.
¿Por qué consideras que las intoxicaciones agudas y la anafilaxia son temas clave para las enfermeras hoy en día?
Porque estamos viendo cada vez más patologías de este tipo y hay un vacío en este sentido. Discriminar y determinar el tipo de tóxico implicado en la valoración del paciente es fundamental para ofrecer un tratamiento óptimo. Esto aplica tanto a enfermería como a medicina, desde cualquier ámbito sanitario. Es esencial reconocer estas situaciones, porque cada vez vemos más intoxicaciones, más situaciones autolíticas y más intentos de autolesión con fármacos. Hay que estar preparados. Desde la pandemia, ha subido muchísimo el índice, con gente cada vez más joven involucrada. Es una locura.
¿Qué aspectos del manejo inicial de un paciente intoxicado son imprescindibles para las enfermeras?
La valoración, sin duda. Determinar, a través de cuatro datos, el síndrome que caracteriza el tipo de intoxicación, y valorar, valorar, valorar. El ojo clínico es fundamental. A veces no llegas a las pruebas diagnósticas, y es la valoración lo que marca la diferencia. Enfermería tiene muchísimo que decir en esto, porque está en la primera línea, al lado del paciente, en la cabecera de la cama.
¿Cómo puede la valoración ABCD cambiar el desenlace en una emergencia por intoxicación?
Teniendo claro qué buscar y descartar en cada letra, y tratar en cada una de ellas, cambia totalmente el pronóstico. Por ejemplo, si se te pasa por alto una hipoxia, cuando te das cuenta puede ser tarde. El método ABCD, que empezó como una genialidad del Colegio Americano de Traumas y luego se aplicó en RCP, ahora se usa en todos los ámbitos de la asistencia. Controlar una vía aérea bien asegurada, una ventilación adecuada, la circulación, el mantenimiento de pulsos y la valoración del estado neurológico orienta el manejo y puede salvar vidas.
¿Cuáles son los retos más frecuentes al tratar intoxicaciones por productos domésticos o drogas de abuso?
Creo que estamos dejando de lado la prevención. No entiendo cómo hasta un 48% de las intoxicaciones ocurren en niños de 1 a 4 años, que no son conscientes de lo que toman, beben o ingieren. Hay que manejar la prevención en los niños pequeños y también en los adultos jóvenes, desmitificando las drogas de abuso. La prevención es fundamental.
¿Cómo se puede mejorar esa prevención para padres y jóvenes?
Con educación sanitaria e implicación, incluso en los colegios. Hay que fomentar charlas a través de las AMPAs y buscar datos que orienten sobre el abuso en adultos jóvenes y la prevención en niños. Por ejemplo, no entiendo por qué los productos de limpieza tienen colores tan llamativos: rojo, amarillo, verde. Deberían ser todos blancos, sin etiquetas atractivas, para que no inviten a un niño a beberlos. También hay que guardar las medicaciones en lugares seguros, no en sitios accesibles. Incluso diría que hay que trabajar en el marketing de estos productos, porque lo que atrae a un adulto para comprar también atrae a un niño. Los suavizantes de lavadora, por ejemplo, huelen bien y tienen colores pastel que dan gusto, pero para un niño son un peligro. Lo mismo pasa con fármacos como la melatonina en forma de gominolas: a un niño de 5 años le parecen golosinas, y el efecto en él es muy diferente que en un adulto.
¿Qué errores comunes destacarías en el manejo de la anafilaxia y cómo los abordas en el curso?
El problema fundamental es que nos quedamos cortos en el tratamiento. El diagnóstico es relativamente sencillo, pero como el tratamiento es hiperagresivo, nos da miedo manejar dosis altas de adrenalina o fármacos. La anafilaxia es una reacción crítica que puede ser mortal, así que hay que ser muy agresivos. La identificación precoz y el tratamiento agresivo son dos pilares fundamentales, y eso es lo que trabajamos en el curso.
Hablando del curso, ¿cómo se integran las horas presenciales y online para maximizar el aprendizaje?
Hablar de intoxicaciones en 10 horas es complicado, porque solo tocamos la punta del iceberg. La idea es abordar aspectos teóricos y marcar pautas de trabajo, como una aproximación inicial. No se puede aprender todo en 10 horas, pero sí despertar el interés para que sigan investigando por su cuenta. En la parte presencial, esta tarde trabajaremos con casos prácticos rápidos: en 10 minutos, intentamos identificar el síndrome toxicológico, orientar el compuesto implicado y plantear tratamientos. Es algo muy dinámico.
Esos casos prácticos, aunque rápidos, seguro que aportan competencias a las enfermeras, ¿verdad?
Seguro. Te ayudan a pensar. La idea es fomentar el pensamiento crítico: ante un problema, plantear una solución, ver si es efectiva y explorar más posibilidades. En los casos, yo planteo un problema, ellas proponen soluciones y lo discutimos. Es una manera de trabajar que exige esfuerzo, porque te obliga a revisar lo que sabes, pero aplicar conocimientos y buscar soluciones es fundamental.
Por último, ¿qué mensaje le dejarías a las enfermeras del Colegio de Enfermería de A Coruña sobre la formación?
La formación es fundamental en todo. En el mundo en el que nos movemos, no basta con hacer un curso online de 100 horas. La formación debe ser continua, continua, continua. Es esencial darse cuenta de que sois un pilar importante: no sois solo enfermeras, sois sanitarias. Igual que yo soy médico, pero ante todo sanitario. Trabajamos codo a codo para solucionar problemas vitales de los pacientes. No estáis supeditadas a lo que yo pueda decir; tenemos sistemas para manejar al paciente que son iguales, y la capacitación debe ser la misma. Todos tenemos que tocar todos los palos. No se trata de decir: “Como soy enfermera, esto no es problema mío”. El día de mañana, no sabes con quién vas a trabajar ni en qué ámbito. Fórmate, porque es la única manera de estar tranquila, de pasar por tu puesto de trabajo con seguridad y de ofrecer seguridad al paciente.
