Ángeles Rodeño, enfermera y docente, repasa su trayectoria: “Sin vocación se trabaja por obligación, con ella se trabaja con pasión”

Alfonso Hermida
Comunicación del Colegio de Enfermería de A Coruña
 
Ángeles Rodeño empezó su historia de entrega y vocación enfermera con más temor que certezas, pero con una voluntad inquebrantable: aprender. Preguntar y aprender. Su camino en la Enfermería pediátrica no fue planificado, sino una casualidad que la llevó a trabajar en la UCI pedriátrica y neonatal del Arquitecto Marcide, a ocuparse de la Dirección de Enfermería de ese hospital entre 1999 y 2005, Profesora de Enfermería Infantil y de Gestión en la UDC durante más de 25 años.
 
Ángeles cree en una Enfermería humana, cercana e innovadora. Ahora, tras casi cuatro décadas de dedicación, y con la jubilación recién estrenada, mira hacia atrás con orgullo y hacia adelante con la satisfacción de haber dejado huella en cada niño que cuidó y en cada alumno que inspiró. Su cheque emocional, del que ella misma habla, es millonario en gratitud y valoración de familias y alumnos. "Me he sentido querida y respetadaTenemos una profesión dura, de momentos muy críticos y difíciles, pero saber que hemos estado ahí para intentar hacer el momento menos doloroso también es gratificante".
 
-Dos meses después de la jubilación, ¿qué es lo que empieza a echar de menos?
 
La verdad es que ha pasado poco tiempo y aún estoy como en la luna de miel post-jubilación. Han sido más de 40 años trabajando en la sanidad pública en el Área de Pediatría y casi 30 como profesora de Enfermería Infantil en la UDC, en la Facultad de Enfermería y Podología de Ferrol, y ya iba necesitando un descanso. Pero si algo echo de menos es el contacto diario con la realidad asistencial y docente, que poco a  poco se va diluyendo. 
 
-¿Qué le llevó a la Enfermería pediátrica? 
 
La casualidad. Yo nací en Ferrol, finalicé mis estudios en 1982 en la Escuela de Enfermería del Juan Canalejo. Era una época de poco trabajo y pocas oportunidades, por lo que decidí migrar a Madrid. Allí inicié mi actividad profesional en el Hospital Universitario La Paz y, por supuesto, sin ninguna pretensión de poder elegir, me asignaron a Reanimación Infantil, con mucho miedo de no saber, pero con poca vergüenza para preguntar y aprender. Así inicio mi andadura en el mundo de la Pediatría, eso me llevó a sucesivos contratos, pasando por hospitales como el Hospital General Universitario Gregorio Marañón y el Hospital Universitario Infantil Niño Jesús, hasta volver a mi tierra con una mochila cargada de conocimientos y experiencias, de proyectos y de ilusiones. Por supuesto, el mundo de la infancia ya había calado fuertementeen mí. En Ferrol, desarrollé mi actividad asistencialen la UCI Pediátrica y Neonatal, éramos una unidad nueva y joven, en la que siempre nos dieron facilidades por parte de todos los mandos para poder implantar proyectos ilusionantes e innovadores como los Cuidados Centrados en el Desarrollo.
 
-¿Qué son los Cuidados Centrados en el Desarrollo? 
 
Son un enfoque terapéutico con una  serie de intervenciones enfocadas en proporcionar atención que respete y promueva el desarrollo neuroconductual físico y emocional del recién nacido pretérmino, favoreciendo su desarrollo neurológico. Su aplicación se hace desde varias perspectivas: por un lado, controlando los factores ambientales (macroambiente) como son la luz y el ruido, causantes de la desorganización del comportamiento en los prematuros; y por otro lado, empleando técnicas de apoyo del comportamiento como son la succión no nutritiva, la contención motora, el posicionamiento y manejo del dolor con medidas no farmacológicas, aspectos que actúan sobre él (microambiente); junto a la implantación del método Madre/Padre Canguro. Son intervenciones, todas ellas, que pueden integrarse en las tareas de una unidad de cuidados intensivos neonatales para atender al recién nacido de manera individual, reduciendo de ese modo su estrés.
 
-¿Cómo cambió la Enfermería pediátrica desde que empezó hasta su jubilación? 
 
A lo mejor sorprende mi contestación como enfermera de una UCI. Debería de decir la tecnología, los tratamientos, la investigación, la evidencia científica… Pero todo esto, en una sociedad avanzada como la nuestra, es lo esperado y más. En la Enfermería pediátrica, desde mi punto de vista, el mayor cambio ha sido el gran Plan de Humanización que se ha ido generando en todas la unidades pediátricas de nuestro país, con la presencia de los padres/cuidadores las 24 horas con sus hijos, UCIS de puertas abiertas, la lactancia materna, cuando un niño nace e ingresa en una unidad neonatal que los padres se sientan padres desde el primer momento integrándolos en los cuidados y en el equipo que atiende a su hijo, basándonos en la ética del cuidado. 
 
-¿Cuál es el avance más significativo y cuál siguen siendo la asignatura pendiente?  
 
El mayor avance ha sido el reconocimiento de la Enfermería como un pilar fundamental en el Sistema de Salud de nuestro país, las especialidades, la autonomía en la prestación de cuidados con base científica en la evaluación, diagnóstico, planificación y ejecución de dichos cuidados. El liderazgo en programas de salud como la vacunación, la prescripción de medicamentos y, sobre todo, la  consideración de la Enfermería como una disciplina propia y con una función específica.

Aunque los avances han sido significativos, hay temas como la valoración de nuestra profesión enfermera que se pueden fortalecer, tanto a nivel social como profesional, ya que no recibe el reconocimiento, respeto y visibilidad que se merece. De hecho, durante la pandemia de Covid-19, la Enfermería tuvo un papel vital reconociéndose como una de las profesiones más esenciales y demandadas.

Otro punto a tener en cuenta es la poca participación y visibilidad de la Enfermería en puestos de decisión. Las decisiones estratégicas en temas de salud suelen ser tomadas por médicos o políticos.

Y no puedo pasar por alto, a nivel asistencial, una gran carencia a mi entender: la deficiencia a la que se enfrenta la Enfermería pediátrica en salud mental, con escasez de recursos y personal capacitado.

-¿Qué momentos destacaría como los más gratificantes de su trayectoria profesional?  

Hay muchos momentos gratificantes en mi trayectoria tanto asistencial como docente. Por supuesto, lo más gratificante es ver la recuperación de un niño y la alegría de sus padres. También es gratificante lo que toda la vida he llamado el cheque emocional que recibes de esas personas a las que has marcado de alguna manera con tu quehacer y que te hacen sentir útil y valorada. Un gracias sincero, los padres que te han echado de menos en tus días libres, el niño que te sonríe cuando entras en su habitación, la madre que te para en el supermercado para decirte lo bien que está su hijo y reitera las gracias, el alumno que te dice que con tu asignatura se ha enganchado a la pediatría y hoy es especialista. Tenemos una profesión dura, de momentos muy críticos y difíciles, pero saber que hemos estado ahí para intentar hacer el momento menos doloroso también es gratificante. 

-¿Cómo compaginó el trabajo asistencial con la docencia universitaria? 

Los inicios siempre son duros. Con la experiencia vas aprendiendo y modificando. Ha sido de mucha dedicación, de estudio y preparación, pero muy gratificante. La gestión del tiempo ha sido vital. Me he sentido querida y respetada. Al aula hay que llevar conocimientos sobre las necesidades que la sociedad demanda en esa materia que vas a impartir. El aprendizaje tiene que estar basado en la actualidad y el avance científico. Esas necesidades yo las veía a diario en mi actividad asistencial. Unidas a los conocimientos científicos teóricos, me permitían impartir una docencia integral. La Enfermería asistencial ha sido mi profesión, pero la docencia es una de mis pasiones. Haber contribuido en la formación de tantas promociones de Enfermería que posteriormente las veía como compañeros en el hospital, me hace sentir orgullosa. 

-¿Cómo ha evolucionado la valoración sanitaria y académica de la Enfermería en todos estos años? 

Ha evolucionado significativamente. Ha pasado de ser entendida como la de ayudante del médico a pasar a un rol profesional, científico y autónomo. Con el reconocimiento de las especialidades, ha elevado su nivel dentro del sistema sanitario. Académicamente ha sido vertiginoso, se ha pasado de una formación de ayudantes técnicos sanitarios, pasando a universitarios medios diplomados hasta llegar al grado universitario equiparada con cualquier otra carrera universitaria con acceso a maestrías y doctorados. 

-¿Cómo ve a la nueva generación de enfermeras y enfermeros? ¿Percibe diferencias con respecto a las anteriores? 

Las nuevas generaciones vienen pisando fuerte, reflejo de los avances y desafíos de la sociedad actual. Tienen mucha mayor formación académica y con la especialización cada día más arraigada en el sistema sanitario. Tienen una gran capacidad de adaptación a las nuevas tecnologías sin olvidarse del compromiso con los derechos del paciente. Y un dato que me resulta significativo y alentador ha sido la evolución que ha tenido el alumnado en la asignatura de gestión, de la cual he sido docente. Han ido pasando de no querer asumir responsabilidades futuras en el mundo sanitario a descubrir en últimas promociones alumnos dispuestos a asumir roles autónomos, liderazgo de equipos y tomas de decisiones en gestión sanitaria, con unas reflexiones dignas de tener en cuenta. 

-¿Qué consejo le daría a quien está comenzando su carrera en Enfermería hoy en día? 

¡Consejos vendo que para mí no tengo! Más que consejos, puedo hablar de lo que a mí me ha ido bien tras cometer errores y aprender de ellos. Lo primero es la honestidad con nosotros mismos y con la profesión, con los compañeros y con los pacientes. Reconocer que se está aprendiendo, no tener miedo a preguntar. Al principio, la obsesión de todo alumno son las técnicas y, ¡claro que son esenciales!, pero no se puede descuidar el cuidado integral del paciente.

La formación no termina en la Universidad. Somos una profesión de aprendizaje continuo. No se puede leer un solo libro y que nos cunda para toda la vida. Que no se pierdan nunca la ilusión, la curiosidad y las ganas de aprender. Claro que la Enfermería es una profesión, un trabajo, pero tiene que existir una vocación, porque nuestras acciones van a influir directa y profundamente en la salud y la vida de las personas, y eso será lo que nos marque y defina como enfermeros.

No nos vamos a engañar, ser enfermero implica sacrificio, situaciones estresantes, turnos agotadores, emociones difíciles de controlar. Sin vocación se trabaja por obligación, con ella se trabaja con pasión.  

-Si tuviera que definir la Enfermería en pocas palabras, ¿cuáles serían? 

Hacedora de cuidados.


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