Aunque los avances han sido significativos, hay temas como la valoración de nuestra profesión enfermera que se pueden fortalecer, tanto a nivel social como profesional, ya que no recibe el reconocimiento, respeto y visibilidad que se merece. De hecho, durante la pandemia de Covid-19, la Enfermería tuvo un papel vital reconociéndose como una de las profesiones más esenciales y demandadas.
Otro punto a tener en cuenta es la poca participación y visibilidad de la Enfermería en puestos de decisión. Las decisiones estratégicas en temas de salud suelen ser tomadas por médicos o políticos.
Y no puedo pasar por alto, a nivel asistencial, una gran carencia a mi entender: la deficiencia a la que se enfrenta la Enfermería pediátrica en salud mental, con escasez de recursos y personal capacitado.
-¿Qué momentos destacaría como los más gratificantes de su trayectoria profesional?
Hay muchos momentos gratificantes en mi trayectoria tanto asistencial como docente. Por supuesto, lo más gratificante es ver la recuperación de un niño y la alegría de sus padres. También es gratificante lo que toda la vida he llamado el cheque emocional que recibes de esas personas a las que has marcado de alguna manera con tu quehacer y que te hacen sentir útil y valorada. Un gracias sincero, los padres que te han echado de menos en tus días libres, el niño que te sonríe cuando entras en su habitación, la madre que te para en el supermercado para decirte lo bien que está su hijo y reitera las gracias, el alumno que te dice que con tu asignatura se ha enganchado a la pediatría y hoy es especialista. Tenemos una profesión dura, de momentos muy críticos y difíciles, pero saber que hemos estado ahí para intentar hacer el momento menos doloroso también es gratificante.
-¿Cómo compaginó el trabajo asistencial con la docencia universitaria?
Los inicios siempre son duros. Con la experiencia vas aprendiendo y modificando. Ha sido de mucha dedicación, de estudio y preparación, pero muy gratificante. La gestión del tiempo ha sido vital. Me he sentido querida y respetada. Al aula hay que llevar conocimientos sobre las necesidades que la sociedad demanda en esa materia que vas a impartir. El aprendizaje tiene que estar basado en la actualidad y el avance científico. Esas necesidades yo las veía a diario en mi actividad asistencial. Unidas a los conocimientos científicos teóricos, me permitían impartir una docencia integral. La Enfermería asistencial ha sido mi profesión, pero la docencia es una de mis pasiones. Haber contribuido en la formación de tantas promociones de Enfermería que posteriormente las veía como compañeros en el hospital, me hace sentir orgullosa.
-¿Cómo ha evolucionado la valoración sanitaria y académica de la Enfermería en todos estos años?
Ha evolucionado significativamente. Ha pasado de ser entendida como la de ayudante del médico a pasar a un rol profesional, científico y autónomo. Con el reconocimiento de las especialidades, ha elevado su nivel dentro del sistema sanitario. Académicamente ha sido vertiginoso, se ha pasado de una formación de ayudantes técnicos sanitarios, pasando a universitarios medios diplomados hasta llegar al grado universitario equiparada con cualquier otra carrera universitaria con acceso a maestrías y doctorados.
-¿Cómo ve a la nueva generación de enfermeras y enfermeros? ¿Percibe diferencias con respecto a las anteriores?
Las nuevas generaciones vienen pisando fuerte, reflejo de los avances y desafíos de la sociedad actual. Tienen mucha mayor formación académica y con la especialización cada día más arraigada en el sistema sanitario. Tienen una gran capacidad de adaptación a las nuevas tecnologías sin olvidarse del compromiso con los derechos del paciente. Y un dato que me resulta significativo y alentador ha sido la evolución que ha tenido el alumnado en la asignatura de gestión, de la cual he sido docente. Han ido pasando de no querer asumir responsabilidades futuras en el mundo sanitario a descubrir en últimas promociones alumnos dispuestos a asumir roles autónomos, liderazgo de equipos y tomas de decisiones en gestión sanitaria, con unas reflexiones dignas de tener en cuenta.
-¿Qué consejo le daría a quien está comenzando su carrera en Enfermería hoy en día?
¡Consejos vendo que para mí no tengo! Más que consejos, puedo hablar de lo que a mí me ha ido bien tras cometer errores y aprender de ellos. Lo primero es la honestidad con nosotros mismos y con la profesión, con los compañeros y con los pacientes. Reconocer que se está aprendiendo, no tener miedo a preguntar. Al principio, la obsesión de todo alumno son las técnicas y, ¡claro que son esenciales!, pero no se puede descuidar el cuidado integral del paciente.
La formación no termina en la Universidad. Somos una profesión de aprendizaje continuo. No se puede leer un solo libro y que nos cunda para toda la vida. Que no se pierdan nunca la ilusión, la curiosidad y las ganas de aprender. Claro que la Enfermería es una profesión, un trabajo, pero tiene que existir una vocación, porque nuestras acciones van a influir directa y profundamente en la salud y la vida de las personas, y eso será lo que nos marque y defina como enfermeros.
No nos vamos a engañar, ser enfermero implica sacrificio, situaciones estresantes, turnos agotadores, emociones difíciles de controlar. Sin vocación se trabaja por obligación, con ella se trabaja con pasión.
-Si tuviera que definir la Enfermería en pocas palabras, ¿cuáles serían?
Hacedora de cuidados.
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