Fuente: Elisa Álvarez (La Voz de Galicia)
La sanidad pública ya no solo adolece de médicos de familia o pediatras. Ahora faltan especialistas en salud mental y, desde hace algunos años, personal de enfermería. Tanto, que a estos profesionales se los recibe con los brazos abiertos en los hospitales y centros de salud. Los colegios de enfermería publican ofertas de trabajo y los colegiados evalúan las condiciones y las posibilidades de tener contratos estables, sobre todo durante los primeros años de vida laboral. Si compensa, muchos hacen las maletas y se van a otra comunidad. En este trasvase de enfermeros Galicia sale bien parada, el número de personas que llegan de otras autonomías es muy superior al que se van. Desde enero del 2025 y hasta el 31 de julio del 2026 —algo más de año y medio— llegaron 401 enfermeros y se fueron 241, con A Coruña y Pontevedra como las provincias con más capacidad de atracción.
La movilidad enfermera es considerable entre autonomías, pero casi nula al extranjero, y en ambas direcciones. Los años en los que Reino Unido y otros países europeos hacían campañas de captación en España para llevarse a los profesionales —muy valorados— han pasado, probablemente porque ahora el déficit de personal en todo el Sistema Nacional de Salud hace que hayan mejorado las condiciones y, sobre todo, la duración de los contratos. Los datos de los colegios profesionales reflejan cómo los centros sanitarios de A Coruña y Pontevedra son los que presentan el saldo más positivo. A los primeros, en estos 19 meses llegaron 198 enfermeros de otras autonomías y solo se fueron 92, menos de la mitad. Al extranjero se fueron diez y no regresó ninguno. En la provincia de Pontevedra hay aún más diferencia: se dieron de alta 97 sanitarios desde enero del 2025 y solo se fueron a otra comunidad 39. En cuanto a la movilidad al extranjero, es también residual, se fueron diez y regresaron siete.
Ourense y Lugo tienen cifras más bajas e incluso hay más enfermeros que emigran de los que llegan. En el caso lucense vinieron 71 y se fueron 91, mientras que en Ourense llegaron 35 profesionales sumando todo 2025 y los siete primeros meses del 2026, y se fueron 19 a otras autonomías. Al extranjero se fueron cuatro personas en Lugo y seis en Ourense. Estas cifras no recogen la movilidad entre provincias, es decir, quienes se dan de alta o de baja porque se trasladan a otro centro de la comunidad. ¿Y de dónde vienen los enfermeros que comienzan a trabajar en centros gallegos? En el colegio de Ourense, por ejemplo, el mayor número llegó de León y en cuanto a las bajas destacan Barcelona y Málaga. De todas formas, en esta provincia las cifras son pequeñas por lo que los destinos no son representativos. En general, Andalucía y Castilla y León son las regiones en donde hay más movilidad con Galicia.

Saray Torner (Sevilla)
«La mejor oferta que tuvimos fue esta». Saray Torner es una de estas profesionales que decidió hace unos años cruzarse media España para trabajar en Galicia. Sevillana del 2001, estudió Enfermería y cuando terminó se dio cuenta de que apenas tenía posibilidades en Andalucía. Echó mano del teléfono y junto a otras compañeras comenzó a llamar a diferentes hospitales. «No llamamos a muchos, porque cuando nos ofrecieron seis meses en el hospital de Cee sabíamos que no íbamos a tener nada mejor. Era la mejor oferta y por eso nos vinimos». Era el verano del 2023 y llegaron cinco, aunque solo ella continúa en Galicia. La adaptación fue fácil pese a que Sevilla y Cee no tienen mucho en común: «Fue un cambio muy grande, sobre todo en invierno, porque el clima y el estilo de vida es muy diferente, pero se me hizo muy fácil incorporarme y nos acogieron muy bien». Sigue encadenando contratos, pero nada parecido a sus colegas andaluzas: «Todo el mundo querría una interinidad, claro, pero si comparo con lo que tendría en Sevilla hay mucha más estabilidad. De las compañeras que regresaron, la única que trabaja con continuidad es una».

Beatriz Torres (Málaga)
«Como especialista, aquí tienes más opciones para una interinidad». La historia de Bea Torres Corral (1995) es diferente. Cuando terminó la carrera en Málaga estuvo trabajando en la sanidad privada y también unos meses en la pública. Fue después cuando decidió cursar un máster en la Universidade de Santiago y de paso preparar el examen EIR. Eligió la capital gallega para hacer la especialidad y eso que la nota le permitía hacerla en Málaga, y en mayo empezó a trabajar como especialista en enfermería familiar y comunitaria. Admite que harían falta más profesionales: «Porque a veces vamos corriendo, salvando las cosas. Si hubiera más enfermeras tendríamos tiempo para otras actividades como la promoción de la salud, pero como además no nos sustituyen en vacaciones, tenemos que cubrir a los pacientes de las compañeras». Aún así, Bea asegura que la situación en Galicia es más estable que en Andalucía para quienes tienen la especialización: «Allí hace poco que se reconoció esta especialidad y no puedes optar a un contrato estable al terminar. Aquí hay una bolsa específica de comunitaria y sí los ofrecen». En concreto, ella está en el centro de salud de Silleda en una comisión de servicio, pero ya le habían ofrecido la interinidad. Asegura que su trabajo le gusta muchísimo. Le permite realizar una enfermería desde diferentes perspectivas: «Estás con el paciente en todas las etapas de su vida y ves muchas enfermedades. El acompañar a la persona durante tanto tiempo y la variedad es lo que más me convence».
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